viernes, 19 de agosto de 2011

DE RONDA A CUBA


Hace tiempo que me rondaba la idea de probar un nuevo maridaje, y hoy se han dado las circunstancias.

Un día inusual de agosto en Málaga, con el cielo ligeramente encapotado, la brisa del mar rebajando la temperatura, y unas vistas relajantes del mar mediterráneo. Y todo ello tras una comida a base del típico y espectacular “pescaito frito” acompañado de una ensalada de pimientos asados.

Tras la comida me he dispuesto a prepararlo todo, el cigarro, un Cohiba Robusto, cigarro de un cepo 50 y una longitud de 124mm, el acompañante elegido, un brandy poco habitual pero toda una joya, me refiero al brandy solera Gran Reserva 1895 elaborado en la malagueña ciudad de Ronda por Destilerías El Tajo, y un vaso de agua fresca.
                                                           

Es este un brandy de color caoba oscuro, limpio y brillante. Es complejo y potente en nariz, y nos trae profundos recuerdos a los vinos de Málaga.

En boca mantiene esa misma potencia, muy untuoso, redondo y nos proporciona un larguísimo posgusto.

El Cohiba Robusto lo podemos calificar ya de un gran clásico del vitolario. Un cigarro de una estampa perfecta, de capa clara, que en frio nos deja aromas con recuerdo a cuero y con un tacto esponjoso.

El corte lo efectue como siempre con un cortapuros de doble hoja, los preferidos para mi, y el encendido con un encendedor Silvermatch torch.

Las bocanadas desde el primer momento son profundas, predominando en el primer tercio el aroma sobre el sabor. Este nos deja notas vegetales y recuerdos a heno, con un punto de madera.

La combinación con el brandy nos deja un leve postgusto amargo, predominando el espirituoso sobre el habano. Ya desde este primer momento comprobamos que ambos tienen marcado carácter.

En el segundo tercio del cigarro se mantienen las notas vegetales con ciertos toques terrosos siendo lo que calificaría de un modo personal, un cigarro de sabores muy “amables”.

En este punto el maridaje se revela a mi entender perfecto, encajando a la perfección las notas de vainilla y pasas del brandy con esas notas vegetales del habano.
                                                                                          
Llegados al tercer tercio la bocanada se hace mucho más amplia y sabrosa. Aumenta la fortaleza y el equilibrio con el brandy es total.
Una combinación cuyo adjetivo más acertado para definirla sería agradable, muy agradable

Todo un gran colofón para una sobremesa de auténtico lujo, como siempre, todo un placer.

domingo, 7 de agosto de 2011

DOMINGO EN FAMILIA. LUJO COTIDIANO

Muchas veces nos empeñamos o empecinamos en buscar la comodidad o el disfrute mas allá de las puertas de nuestro hogar, en un buen restaurante, un atrayente local de tapas… yo he de confesar que soy el primero en hacerlo. Pero también he de reconocer que hay una frase que jamás estuvo más acertada, y es esa que dice : “como en casa de uno…” y en mi caso es así. Soy un enamorado de los momentos en familia, en casa, disfrutando del calor y la comodidad del propio hogar, tal vez con las cosas más simples, en mi terraza, con mi mujer a mi lado, una cerveza, un buen cigarro y tal vez una buena lectura.
Tengo por seguro que esos momentos que cada vez procuro que sean más frecuentes, son el verdadero lujo.
Y así suelo pasar las mañanas de domingo, como hoy, disfrutando de mi familia y del buen clima del lugar en el que tengo el privilegio de vivir.

Pero antes de disfrutar de ese momento, dedique un rato a otra de mis aficiones no menos familiar por cierto, la cocina.

Mi gusto y afición por la gastronomía no se centra solamente en disfrutar degustando diferentes platos o probando restaurantes y locales. Dentro de esta afición también se encuentra el placer de experimentar por mi mismo en la cocina y hacer pequeñas incursiones  entre los fogones.
Y como no los días elegidos para tales menesteres suelen ser los fines de semana. Así que el sábado por la tarde, después de un día de playa, decidí salir a hacer la compra para la comida del domingo. No tenía muy claro que hacer, así que salí con la idea de “iluminarme” según fuera viendo opciones.
Y así fue como en la pescadería encontré un hermoso ejemplar de corvina de casi un kilo y medio de peso, pescado este que no es muy habitual en las pescaderías de la zona. No lo dudé y en ese mismo instante tuve claro que en esta ocasión me aventuraría con una corvina a la marinera.

Me hice con todos los ingredientes necesarios, elegí un vino adecuado al plato según mi modesto parecer y regresé a casa plenamente satisfecho.
Cuando hoy por la mañana preparé todo, se me vino una idea a la mente, y no fue otra que fotografiar el proceso de elaboración de la corvina y tomar nota de los pasos que iba dando para después compartirlo con todos aquellos que tengan la amabilidad de visitar el blog, y ello me ha llevado hasta aquí, así que ahora reseñaré tanto los ingredientes empleados como el proceso de elaboración, quien sabe, tal vez alguno de ustedes se anime… desde luego si es así agradecería cualquier comentario, opinión o sugerencia.

Los ingredientes son los siguientes:

Una corvina de 1,5 kg aprox
3 tomates de pera
Media cebolla
3 dientes de ajo
500 gr de berberechos
250 gr de gambas
6-8 mejillones
Aceite de oliva
Azafrán molido
Pimentón dulce
1 vasito de vino blanco
Medio litro de fumé de pescado
  

Cortamos la corvina en rodajas, y reservamos la cabeza, pues la utilizaremos para hacer el fume.

                                                 
Pelamos los tomates y troceamos los ajos y la cebolla. Ponemos a calentar un poco de aceite en una sartén, añadimos la mitad de la cebolla troceada e incorporamos los tomates igualmente troceados una vez que la cebolla haya empezado a pocharse.
Lo dejamos a fuego lento hasta que veamos que el tomate se ha desecho.

                                                                                    
Mientras tanto pelamos las gambas, pero no tiramos las cabezas. Ponemos en un cacillo algo más de medio litro de agua, las cabezas de las gambas, la cabeza y la cola de la corvina y le añadimos una pastilla de caldo de pescado. Lo ponemos a fuego medio hasta llevarlo a ebullición y lo dejamos hervir unos diez minutos.

En una cazuela grande con la base lo más ancha posible, pues nos facilitará después manejar las rodajas de corvina, calentamos un poco de aceite y doramos en él la cebolla restante y los ajos.
Una vez dorados ambos los sacamos y en un mortero junto con dos cucharadas de pimentón, el azafrán y una pizca de sal hacemos un majado.
 
En la cazuela donde hemos dorado los ajos y la cebolla colocamos las rodajas de pescado y las pasamos un poco por ambos lados, lo justo para que tomen temperatura y color.

Incorporamos el tomate que pochamos al principio, el majado, el medio vaso de vino y el fumé. Dejamos todo a fuego medio hasta que esté a punto de hervir. En ese momento añadimos las gambas, los berberechos y los mejillones.



                                                                             
Rectificamos de sal, tapamos y dejamos cocer a fuego medio unos minutos, hasta que los berberechos y los mejillones se hayan abierto por completo.
                                                           
Retiramos entonces del fuego y dejamos reposar un par de minutos.

Y ya está lista para servir.



En mi caso este fue el resultado, y según mis mayores críticos, es decir, mi familia, fue todo un éxito, y el vino con que la acompañamos, todo un acierto. En esta ocasión fue un Segura Viudas Viña Heredad blanc de blancs 2010. Suave, afrutado y muy aromático.

Pero al menos para mí la comida no terminó ahí, como no la rematé con un magnífico cigarro, tal vez uno de mis robustos preferidos, un Ramón Allones Specially Selected, el cual maridé con un ron no menos especial, un  ron originario de la Guyana, El Dorado 15 años, maridaje lleno de matices y que en breve compartiré con todos a través de este espacio. Como siempre un domingo en familia que fue más que nunca todo un placer.

domingo, 24 de julio de 2011

UN REFUGIO CASTELLANO

Todos hemos sentido en alguna ocasión, al llegar a  un lugar, que este nos acogía, nos llamaba de un modo especial.
Y hace unas semanas, fue eso exactamente lo que experimenté, y de un modo muy intenso, añadiría.

Buscaba un lugar a medio camino entre Pamplona y Madrid donde perderme, pasar un fin de semana relajado y como suele decirse coloquialmente, donde “cargar las pilas”.

He de reconocer que la decisión inicial tuvo un motivo meramente geográfico. La provincia de Soria era prácticamente el punto intermedio.
Así que dado que no conocía nada de la misma, decidí buscar en ella ese lugar de relax.

Y puedo decir ahora que jamás estuve tan acertado. Casi por casualidad encontré una opción que me gustó desde el primer momento, efectué casi sin pensar mi reserva y cuando llegó el momento, inicié el camino desde Pamplona.
Aquí comenzó mi descubrimiento, durante el mismo viaje. Los paisajes que atravesó mi itinerario me sorprendieron por su verdor, su belleza y su frondosidad.
Pero desde luego, la verdadera sorpresa estaba aún por llegar.

Mi destino final era Herreros, un pequeño pueblo situado a unos 20 km de la capital Soriana.

El pueblo lo componen un núcleo de unas 40 casas, la mayoría aglutinadas en torno a la iglesia, que domina la localidad, y que data del siglo XVI.
                                             
Y entre esas casas, justo en el lindero de la villa, encontré ese rincón que buscaba, uno de esos lugares con verdadero encanto.
Se trate de “La Casa del Cura”, ( www.casadelcuraposadas.com ), un pequeño hotel con doce habitaciones, de ambiente familiar, regentado espléndidamente por Nora, una persona encantadora y que nos hizo sentir como en casa.

Está decorado de un modo rústico y sencillo, pero con mucho gusto.
El salón, increíblemente acogedor,  invita a pasar allí las sobremesas al calor de la chimenea.
                                                                            

Dispone de un jardín con una pequeña terraza del que merece la pena disfrutar

Y las habitaciones son sencillas pero igualmente acogedoras, con un detalle que me agradó sobremanera, no disponen de televisión. Es un lugar este para descansar, desconectar, relajarse y disfrutar tanto del hotel como del impresionante entorno.
                                                                         
Porque el entorno es otro de los encantos del lugar. A sólo un kilómetro y medio del pueblo, un simple paseo, encontramos el embalse de la cuerda del pozo, un lugar cuidadosamente conservado pero a la vez perfectamente equipado, con un pequeño merendero, bancos, mesas, barbacoas, etc. Un lugar ideal desde luego para disfrutar de una hermosísima naturaleza con todo la familia en un paraje natural como pocos he conocido.
Las posibilidades que nos ofrece la zona son innumerables. A sólo cinco minutos  tenemos Abéjar, un pueblo solo algo mayor que Herreros, con otra de esas pequeñas pero impresionantes iglesias y en el que tuve la acertada decisión de hace una parada para comer en el hotel La Barrosa, sorprendente por la calidad de su cocina, y como no podía ser menos en la comarca, por su bodega y desde luego que puedo afirmar que la cuenta no asustará a nadie ni mucho menos, más bien todo lo contrario.

Fue después de dar cuenta, entre otras cosas de un espectacular chuletón de buey cuando de regreso a la Casa del Cura pude disfrutar de uno de esos momentos que nos regalamos los amantes de los habanos.

Tomé asiento en el coqueto jardín que ya he mencionado, y contemplando el paisaje y sin mas ruido que el que producía la brisa al agitar las hojas, encendí un Punch Gran Robusto Edición Exclusiva para España, cigarro que acompañé de un humilde vaso de agua con gas pero que fue el maridaje perfecto para la ocasión.
Otro de los lugares que merece la pena visitar en los alrededores es la zona de Playa Pita.
Tanto el lugar en sí como el camino hasta alcanzarlo son dignos de contemplar. Es perfectamente accesible en coche, pero sin duda la zona hará las delicias de los amantes del senderismo o la bicicleta, pues ofrece una gran variedad de rutas y posibilidades.

Y como no, lugar de visita obligada es Calatañazor, localidad de gran importancia histórica y belleza sin par.

Desde luego el objetivo de relax y descanso que buscaba lo cubrí con creces, y el lugar no pudo ser más acertado, acogedor, agradable y con una atención claramente sobresaliente.
Tengo por seguro que es una experiencia que recomiendo y que yo al menos repetiré.
Fue sin duda alguna, todo un placer.

martes, 5 de julio de 2011

DE MARIDAJES. CABALLERO ESPAÑOL, SEÑORIO ESCOCES

Tarde de domingo, buena temperatura, bueno dos o tres grados menos no habrían estado mal, y nuestro campeón Nadal enfrentándose a quien le acababa de arrebatar su trono en su quinto partido como finalista del torneo de Wimbledon.

Y para acompañar a la ocasión, elegí un maridaje especial. Como cigarro, sobre la mesa, un Sancho Panza Quijote Edición Regional exclusiva para España, y junto a él la estilizada y elegante botella de Macallan 12. Todo un reto.

Este whisky es un escocés de la zona de Speyside, muy suave, con recuerdos a miel y con notas muy cremosas y dulces. De intensidad media, casi sin turba y sin notas salinas o yodadas.

                                                         

El cigarro escogido pertenece a una de las ediciones regionales que últimamente viene produciendo Habanos S.A., ediciones estas cuya comercialización se circunscribe a una zona geográfica determinada. Aquí en España hemos disfrutado ya de un Punch, un Alejandro Robaina y ahora este Sancho Panza, y en Oriente Medio por ejemplo se comercializaron los imponentes Phoenicios de Ramos Allones, de los cuales pude hacerme con una caja y que eran sencillamente sublimes, es más aún me queda un ejemplar que estoy añejando en mi humidor y que de cuando en cuando admiro.

El Sancho Panza Quijote es un cigarro con vitola de galera Prominente, un cepo 49 y una longitud de 194mm.
De aspecto elegante e imponente a la vez, capa color carmelita clara y un aroma en frio intenso a tabaco y cuero.

         

Una vez encendido su tiro se adivina correcto, no se puede pedir más a un cigarro con esta vitola, y la combustión es un poco irregular, necesitando durante la fumada de un par de correcciones.

En su primer tercio advertimos un leve amargor, notas especiadas y sabores vegetales.
En esta parte de la fumada, al conjugarlo con el Macallan, predomina este último, algo normal, acentuándose las notas amaderadas del whisky pero dejándonos al final un posgusto con puntas dulzonas que vaticina algo muy interesante.
                                                   

En el segundo tercio se incrementa el amargor, aparece la madera y se hacen más patentes las notas vegetales y especiadas con algunas puntas dulces.
Es aquí donde vemos como la combinación con el espirituoso se vuelve armoniosa, fundiéndose esas notas vegetales a la perfección con el sabor del mismo, siendo el posgusto muy agradable y con notas dulzonas.

Ya en el tercer tercio los sabores del cigarro se vuelven más profundos, aumentando el sabor a tabaco y la madera, pero manteniendo las notas vegetales que son una constante en toda la fumada. Aquí el cigarro gana en fortaleza y a la hora del maridaje predomina un punto por encima del Macallan, pero la combinación sigue siendo muy muy agradable.

La bocanadas fueron amplias y profundas durante toda la fumada, aproximadamente una hora y cuarto, llenas de sabor en todo momento.

Un maridaje que realmente me agradó y satisfizo plenamente, y que me ayudó a sobrellevar la tarde a pesar de la derrota de nuestro campeón, aunque como siempre cayó como lo que es, un autentico ganador. Otra vez será Rafa, pero aun así, fue, todo un placer. 

jueves, 30 de junio de 2011

EVOCANDO A DON ERNESTO

Como los habituales del blog ya sabrán, no solo soy un gran aficionado a los habanos, la gastronomía también entra dentro de mis aficiones.
Y sin duda, uno de los lugares de España donde esta es uno de sus principales atractivos y referentes, es Pamplona.

Por circunstancias he pasado unos días en la capital Navarra, días que me han permitido recorrer alguno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y sus cercanías.

Mi primera salida me llevó a buscar los emblemáticos “pintxos”, y para ello, nada mejor que las calles que conforman en casco antiguo y que todos reconocemos recorridas por esa multitud ataviada de blanco y pañuelos rojos participando de los encierros más conocidos en el mundo.

Es allí donde encontramos locales como la Mandarra de la Ramos, La cocina de Alex Múgica y como no, justo en una de las entradas a la Plaza del Castillo, El Gaucho (http://www.cafebargaucho.com/).

 

Probar los “pintxos” de este establecimiento es toda una experiencia, por su originalidad, su presencia y su combinación de sabores.
Es un local típico, pequeño, siempre abarrotado, que recoge todo el encanto del lugar. Además sus reconocidos pintxos han sido acreedores de numerosos premios. Mi consejo es acompañar estos con cualquiera de los magníficos caldos de la tierra.
 Podemos mencionar, entre otros muchos la “Tarrina Gaucha”, el exquisito pintxo de anchoas, las Albóndigas de bacalao con queso, el pintxo de txangurro con queso o el Crocanti de morcilla con foie.
 

Otro de los momentos de mi estancia me llevó a salir con el ánimo de conocer uno de los hermosísimos parajes naturales navarros. Así que me dirigí hacia el valle de Baztan, y desde luego que los 40 kilómetros de trayecto ya merecieron  la pena, tanto por lo hermoso del paisaje como por el recorrido posterior por las calles de la villa de Elizondo.

Ya de regreso a la capital Navarra, la parada para la comida fue en un coqueto hotel-restaurante llamado Juan Simón, donde pudimos disfrutar de una excelente cocina tradicional y casera.

Pero la cena de esa noche merece un capitulo aparte.
Muy cerca del Gaucho, ya mencionado anteriormente, en una de las calles de salida de la Plaza del Castillo, se encuentra un conocido hotel, el hotel Europa, ( http://www.hreuropa.com/ ) y dentro de este, encontramos el restaurante que lleva el mismo nombre.
 
Un lugar que lo cautiva a uno desde el momento que se accede a él.
Muy sencillo y elegante, decorado con tonos suaves. Dispone de varios salones de diferentes tamaños, lo cual permite, en caso de necesitarlo, celebrar reuniones con mayor privacidad.
La carta es muy completa, y dispone de la opción de elegir entre dos menús degustación diferentes que recorren todas la especialidades de la casa.

En mi caso nos decantamos por uno de estos, y fue una decisión más que acertada.
En el plano de los vinos, tienen una excelente oferta, con caldos tanto nacionales como extranjeros.
Yo me decanté por un vino de la tierra, un Fincas de Unzu 2010 que me resulto muy agradable y un perfecto compañero para los platos del menú que elegimos.
 
Dentro del menú he de hacer especial mención a la ensalada de langosta con aceite de trufa, o al rape sobre lecho de arroz.
 
La velada terminó, como no podía ser de otra forma, en la terraza del “Café Iruña”, lugar emblemático donde los haya, y donde el recuerdo de Ernest Hemingway sigue más que presente.

Y como no, y como recuerda el titulo, evocando a Don Ernesto, gran amante de los buenos habanos, encendí un Montecristo Edmundo que deguste al amparo de una noche Navarra con una temperatura digna de envidia. Desde luego, todo un placer.

















viernes, 24 de junio de 2011

UNA PICA EN FLANDES


Hace varios siglos, durante el esplendor del imperio español, los tercios españoles campaban por Centroeuropa dejando una huella que aún hoy perdura. Y es curioso comprobar como una ciudad como Bruselas está llena de lugares y muestras que todavía hoy recuerdan esa época.

No ha sido mi primera visita a la capital belga, pero en esta ocasión llegué dispuesto a traerme experiencias que poder compartir con aquellos que tienen a bien seguir este blog.

Mi primera referencia será como no para la Gran Place, lugar emblemático donde los haya y uno de los máximos exponente de ese “recuerdo español”.


Después de una agradable cena en una de las decenas de restaurantes que podemos encontrar en sus proximidades, encamine mis pasos hacia esa espectacular plaza para rematar la noche con un buen cigarro.

Para disfrutarlo elegí un lugar cuyo nombre no puede ser más evocador, “Le Roy D´espagne”. Tomé asiento en su terraza y preparé el cigarro elegido para lo ocasión, un Montecristo Serie Open Master, el robusto de la gama.


Es este un cigarro de aspecto elegante a la vez que jovial. De vitola de galera robusto, con un cepo de 50 y una longitud de 124mm.

En frio apreciamos aromas a cuero y tabaco con algunos recuerdos a cacao.
El corte lo efectué con un cortapuros de doble hoja, y el encendido con mi inseparable encendedor torch.

El primer tercio me dejó algunas puntas amargas al comienzo, pero muy suaves, y recuerdos a frutos secos y heno.

En el segundo tercio el amargor desapareció casi al completo, apareciendo notas tostadas y un suave sabor a tabaco, pero manteniendo los frutos secos.

Durante la última parte de la fumada aumentó levemente la fortaleza, dejándome ciertas notas herbales pero sin desaparecer esos recuerdos a fruto secos.

Un cigarro muy agradable, suave e ideal para degustar como en esta ocasión al aire libre, con una combustión perfecta y un tiro excelente.

Mi segunda escapada me llevó a un restaurante de cocina belga llamado Scheltema, situado en la rue Dominicanessenlaan, en pleno centro de la capital belga.


Es un lugar de ambiente muy típico, con toda la esencia del lugar, bullicioso, animado pero muy confortable.
Sencillamente decorado con un predominio absoluto de la madera en todo el local. El personal es muy atento, eficaz y muy profesional, algo fundamental en lugar como este. 
Dispone de una completa carta en la que encontramos gran variedad de platos tanto de carne como de pescado, con tres opciones de menú si así lo preferimos. Tiene así mimo una aceptable variedad de vinos.

Mi elección para la ocasión fueron unos champiñones salteados con foie y como plato principal unos raviolis de cangrejo con salsa de langosta, todo ello acompañado con dos copas de vino blanco. Desde luego todo un acierto.

Una vez finalizada la cena me dispuse a dar un paseo cuando por esas casualidades del destino me encontré en las Galeries Royales frente a la Champagnoteque de Bruxelles.

Un lugar exquisito, imposible de obviar la entrada en él una vez que lo hemos visto. Y así fue. Me entretuve un rato contemplando el local, decorado con mucho gusto, y la increíble variedad de caldos que acoge.


Y no pude evitar la tentación de probar uno de ellos, así que ya que buscaba un lugar donde encender el Davidoff Special R que había elegido para la sobremesa decidí hacerlo allí. Y magníficamente aconsejado por el encargado del local, escogí una botella de Max Cochut. Un champagne sin duda algo diferente y especial, con un 80% de pinot noir y solo un 8% de azúcar.

Reconozco que no es habitual maridar un cigarro con champagne, y que incluso es algo que va contra las normas básicas de maridaje, pero he de confesar que en esta ocasión me alegro de haber roto esas normas, porque la combinación me satisfizo plenamente, pero bueno, a la postre es de eso de lo que se trata.
Fueron dos pequeños momentos en los que disfrute plenamente y que como siempre, fueron todo un placer.

miércoles, 1 de junio de 2011

CON TITULO NOBILIARIO

Desde hace tiempo, la producción de habanos nos obsequia periódicamente con ediciones limitadas que los aficionados esperamos con expectación cada año.
Y entre estas novedades, hace dos años, apareció un cigarro de los que hacen verdadero honor al nombre que se le asignó. Me refiero en este caso al Romeo y Julieta Duke.
Lo primero que habrá que decir es que a los habituales de la marca, conocedores de sus particulares características, sobre todo a lo que a sabor se refiere, nos sorprendió, porque no era ni mucho menos un Romeo y Julieta al uso.
El aspecto del cigarro era imponente, de aspecto sobrio y elegante a la par que contundente.
La vitola de galera era Duke, con un cepo 54 y 140mm, con un tiempo de fumada de entre 60 y 90 min; se anillaba con la anilla tradicional de la marca y la segunda anilla que referenciaba su condición de edición limitada del año 2009.
Una vez encendido, y desde el primer momento, comprobábamos que el tiro era perfecto, facilitado este evidentemente por su cepo.
Las bocanadas eran así mismo desde el inicio, muy amplias y sabrosas, y la combustión excepcional, pareja y sin necesidad alguna de rectificación durante toda la fumada.
En el primer tercio se apreciaba un profundo sabor a madera, con un leve amargor y algunas notas especiadas y picantes, con recuerdos de cacao.
Durante el segundo tercio aparecían notas vegetales, manteniéndose el cacao y la madera.
Ya en la última parte de la fumada aumentaba el sabor vegetal, así como esas notas especiadas tan particulares.
Un excelente cigarro, muy sabroso y de esos que nos dejan plenamente satisfechos.
                                               
Eso si, como ya he reseñado no era para nada un Romeo y Julieta convencional.
Según mi calificación personal, podríamos encajarlo entre los cigarros con una fortaleza media alta, de 3,5 sobre 5, y como cigarro, le otorgaría sin dudarlo, un 9 sobre 10.
Habrá notado el lector que en todo momento he hablado en pasado, y añadiría que no sin cierta nostalgia. El motivo no es otro que, por desgracia, esta vitola es ya más que una “rara avis”, un imposible en los estancos.
                                                                   
Fue una producción muy limitada, que ya hace tiempo que desapareció de las estanterías de las cavas, y que hoy por hoy es imposible de conseguir.
Así que este artículo puede entenderse como un homenaje a un cigarro, noble como su nombre, de breve estancia entre nosotros y que nos llenó de satisfacción a todos los que tuvimos la fortuna de saborearlo. Quién sabe si tal vez algún día nuestras esperanzas se hagan realidad y de nuevo volvamos a verlo brillando en las cavas.
Desde luego, volvería a ser todo un placer.