domingo, 16 de febrero de 2014

VELADA DE CLASICOS


Después de unos días bastante duros en lo que a trabajo se refiere, llegó el momento de relax. Siempre he estado de acuerdo con esa afirmación que dice que la gran ventaja de un fumador de habanos es que no es esclavo de un vicio, sino dueño de un placer. Y es por ello que, al menos en mi caso, siempre me guio por una máxima fundamental,  y es que por mucho que me apetezca saborear uno de mis cigarros, si el momento no acompaña, si no voy a disponer del tiempo y la tranquilidad adecuados, si el ambiente no es el ideal y si mi estado de ánimo no me invita claramente a ello, ni me planteo encenderlo. Así es que durante estos días tan intensos no he podido disfrutar del sabor y el aroma de estas autenticas obras de arte.

Pero al fin las cosas volvieron a una relativa normalidad, y entonces sí,  entonces  supe que era la ocasión acertada. Y para ello lo prepare todo con sumo esmero. Era mi momento y quería disfrutarlo de la mejor manera posible. Y como compañero elegí a todo un clásico del vitolario. Y aquí voy a hacer una pequeña reflexión.

De un tiempo a esta parte, he venido observando que en las estanterías de no pocos estancos cada vez es más difícil encontrar esos cigarros que todos consideramos clásicos. Estamos envueltos en una espiral en la que solo vamos buscando las últimas novedades, esos cigarros que sabemos que se acaban de presentar, la mayoría de ellos con su vistoso marchamo de edición limitada. No importa que sepamos por experiencia que es mejor dejarlos unos meses en el humidor, que puede que incluso por culpa de tanta prisa nos decepcione, da igual… y yo, desde luego no estoy exento de ello. Casi sin darnos cuenta, olvidamos o dejamos de lado autenticas maravillas que parece que poco a poco van languideciendo, que los fumadores de toda la vida se han ido olvidando de ellos, tan toscos de aspecto a veces, tan sobrios, tan poco llamativas sus anillas… sin caer en la cuenta que detrás de esa tosquedad, de esa sobriedad… se encuentra la verdadera esencia de los habanos.

Como iba diciendo, para esta ocasión elegí uno de esos  clásicos. La que probablemente sea, en mi modesta opinión, la mejor campana del todo el vitolario junto con la de Sancho Panza, y de una de mis marcas de cabecera. Me refiero a un Romeo y Julieta belicoso.

Es un cigarro figurados de esos cuyo aspecto puede parecernos algo tosco, con un cepo 52 y una longitud de 140mm y una capa colorada que a mi particularmente me encanta a la vista.

Y para rematar el ambiente, busqué la compañía de otro clásico, la del programa de jazz por excelencia de la radio española, dirigido desde hace más de 40 años por toda una leyenda, Juan Carlos Cifuentes, “Cifu”.

Así, la velada transcurrió entre las notas del gran Thelonious Monk y las evoluciones de un cigarro que me fue dejando sabores realmente auténticos, con recuerdos a cuero,  potentes notas de madera, puntas dulces y especias.
                                                          
Y el intenso aroma del cigarro junto con esas notas increíbles y envolventes hizo el resto para lograr esa atmósfera perfecta que convirtió ese ansiado momento en todo un placer.
 
 

jueves, 30 de enero de 2014

DISFRUTANDO EN CASA


Después de meses sin volver y tras un periodo ajetreado y lleno de cambios y nuevas experiencias, cambiamos las temperaturas gélidas del norte de Europa y el cielo permanentemente cubierto por la incomparable luz de la ciudad de Málaga y su agradable clima.

Y todo para poder pasar al menos la Navidad con los nuestros disfrutando con ellos de un merecido aunque breve descanso.

Muchas eran las cosas que anhelábamos y echábamos de menos, sobre todo si nos referimos al apartado gastronómico, pues no deja de ser una gran verdad cuando decimos que no somos conscientes del tesoro que significa la gastronomía y los productos de que disfrutamos en España. 

Con todo esto, quiero aprovechar hoy este espacio para referirme a un local pequeño, pero muy agradable y coqueto, que llevaba mucho tiempo queriendo visitar, pero que por diversas circunstancias ( principalmente porque en varios de mis intentos era imposible lograr ni siquiera un sitio en la barra ), hasta el momento no había tenido la ocasión ni el placer de hacerlo.

Se trata de una taberna de nombre taurino, el Volapié. ( www.tabernadelvolapie.com )
 

Está situada en una de las zonas más concurridas de Málaga, concretamente en calle Strachan, junto a la archiconocida calle Larios.

El local no es muy grande, pero si muy acogedor, dispone de una agradable terraza de la que es una delicia disfrutar incluso en invierno.

El personal que nos atendió lo hizo magníficamente y la carta, aunque no demasiado extensa, lo cual en la mayoría de las ocasiones lo considero un acierto, muy completa y con algunas referencias dignas de recordar y repetir, como fue el caso del atún ahumado con mermelada de tomate o los sencillos pero espectaculares mejillones al vapor. 
                                                                                     
He de decir que la primera experiencia fue tan grata que a los tres días regresamos con algunos familiares para poder compartir con ellos nuestro descubrimiento. 

Como he mencionado tanto el atún ahumado  como los mejillones nos sorprendieron muy gratamente, y no pudimos dejar de pedirlos en nuestra segunda visita, platos que acompañaron una no menos acertada Berza de Jerez ( plato obligado pues el autor de estas líneas nació en dicha ciudad ) y unas croquetitas de rabo de toro.

Todo ello regado con un Carramimbre Roble muy correcto. 

Por supuesto, a la comida siguió una interesante sobremesa en otro de los lugares emblemáticos de la Málaga actual y que es también de obligada visita cada vez que regreso, me refiero, como no,  al muelle1.

Es un autentico lujo poder disfrutar en pleno mes de Diciembre de una terraza, música en directo…y todo ello acompañado de una copa de Lagavulin 16 y un H. Upmann Magnum 50.

Desde luego, y más que nunca, todo un placer. 

domingo, 12 de enero de 2014

DE MARIDAJES. PALABRAS MAYORES


De nuevo regreso  al mundo de los maridajes con una propuesta realmente contundente y que se ajusta perfectamente al título que encabeza estas líneas.

En esta ocasión y para una larga sobremesa después de una comida aparentemente sencilla pero no por ello menos sorprendente, el cigarro elegido ha sido un H. Upmann nº2 y su acompañante un brandy que ya ha ocupado algunas líneas en este espacio y que es ,sin lugar a dudas, uno de mis preferidos. Una auténtica joya que por desgracia no es muy fácil encontrar, pero que fue uno de los regalos con los que los Reyes Magos tuvieron a bien obsequiarme hace una semana. Me refiero naturalmente al Brandy 1895 Gran Reserva elaborado por  destilerías El Tajo.
                                                                                           
                                                                             

El cigarro es una vitola de galera pirámides, con un cepo 52 y una longitud de 156mm.

A la vista es un cigarro de los que considero elegantes, y mucho más con la nueva anilla de la marca; su capa color carmelita maduro y su tacto suave y esponjoso nos adelantan ya que se trata de un cigarro muy bien elaborado, aun siendo una de las vitolas que requieren más oficio. Su olor en frío nos trae recuerdos vegetales a madera  y a cuero, y su tacto es suave y esponjoso.

El corte lo efectué con un cortapuros de doble hoja y el encendido con un encendedor torch de tres llamas.

Desde el primer momento el tiro fue perfecto, así como la combustión, que sólo necesitó de unas pequeñas correcciones en el último tercio.

Las primeras bocanadas ya fueron amplias y sabrosas, y el primer tercio me dejó recuerdos tostados y a frutos secos con algunas puntas dulces y amaderadas. La combinación con el brandy es muy armoniosa desde el primer momento, y el dulzor de éste conjuga a la perfección con la madera y los recuerdos tostados que he mencionado.

En el segundo tercio la fortaleza aumenta levemente, pasando a ser media, y aumenta la madera  tornándose mucho más sabroso y las bocanadas muy aromáticas. El brandy marida mejor aun si cabe, pues los sabores de ambos van muy parejos y no destaca el uno sobre el otro, haciéndose la combinación  de lo más agradable.
                                                                       

El tercer tercio mantiene la fortaleza media y los sabores generales, eso sí, algo más acentuados y untuosos.
Una fumada de las que nos dejan con ganas de más y un maridaje que sin lugar a dudas es todo un placer.
 

martes, 7 de enero de 2014

DE RECETAS. CON SABOR ITALIANO


Comienza un nuevo año y quiero hacerlo dejando una receta tan sabrosa como fácil. Solo tiene un pequeño punto de dificultad pero que con un poco de atención puede superarse, y es lograr el punto adecuado del arroz.

Para elaborar este risotto de setas emplearemos un litro aprox. de caldo de pollo o de verduras, una cebolla mediana, setas, que en mi caso fueron un variado de setas de temporada, pimienta, dos dientes de ajo, sal, mantequilla, aceite de oliva, queseo parmesano rallado ( yo me tome la libertad de añadir también un poco de queso pecorino romano ), y por supuesto arroz.


En este punto es recomendable hacerse con alguna de las variedades de arroz específicas para esta preparación, que en mi caso fue arroz de la variedad Arborio, aunque también tenemos las variedades Baldo, Maratelli y Carnarolli.

Pero vayamos ya directamente a la elaboración.

En primer lugar cortamos la cebolla muy fina y troceamos las setas.

En una cazuela ponemos un poco de aceite de oliva y añadimos las setas para que se vayan dorando. Al poco incorporaremos los dientes de ajo y la cebolla.

Cuando la cebolla este ligeramente transparente añadimos el arroz y la mantequilla y lo doramos un poco junto con el resto de ingredientes.

                                       

Poco a poco incorporamos el caldo de pollo y medio vasito de vino blanco, y dejamos reducir lentamente.


Iremos añadiendo caldo poco a poco y dejando reducir hasta que comprobemos que el arroz ha alcanzado su punto. En ese momento añadimos el queso y removemos todo suavemente para permitir que este se derrita con el calor que ha quedado en el arroz y ligue perfectamente con este.
Y ya tenemos listo nuestro plato. Una receta sencilla y que solo necesita como dije al comienzo un poco de atención.



                                                                        
Como acompañamiento yo me decanté por un Vin de Pays Dóc, Viognier 2011 Domaine Delas, elección que fue del todo acertada, pues su suavidad y notas afrutadas fueron una combinación perfecta para el risotto.

Una propuesta que una vez más les aseguro que será todo un placer.
 



 

 

martes, 22 de octubre de 2013

COLORES DE OTOÑO


Poco a poco nos vamos haciendo a nuestro nuevo hogar, y poco a poco también comenzamos a descubrir rincones y sensaciones. Aquí las estaciones son mucho más marcadas, y el otoño ha llegado con todo su esplendor de colores ocres y anaranjados levemente fundidos con el poco verde que nos recuerda que una vez hubo verano…

Las temperaturas son mucho más frescas de lo que estamos acostumbrados, pero aun así son agradables y contribuyen a aumentar el encanto. Así cuando tenemos la fortuna de ver el sol, y digo fortuna porque ya comienza a ser una excepción, un paseo por la Promenade o junto al lago Aase son una experiencia de lo más agradable.
Así que el pasado sábado no se nos ocurrió mejor plan que un paseo sin ir a ninguna parte, solo por el mero placer de pasear bajo los majestuosos arboles que día día van alfombrando el suelo con sus hojas.
 

Caminando llegamos hasta el lago que he mencionado antes y allí nos detuvimos un buen rato disfrutando de la vista.  Hasta que decidimos regresar a casa con la sana intención de sentarnos frente a un espléndido risotto con setas.











Y fue después de la comida, receta que prometo compartir en breve, pues fue todo un acierto, cuando me senté en mi pequeño rinconcito  simplemente a contemplar esos colores tan impresionantes mientras degustaba un cigarro que puedo decir con mayúsculas es una auténtica obra de arte.

Se trató en esta ocasión de un Cohiba Pirámides Extra, que para más inri, llevaba casi un año esperándome en mi humidor, pues tengo la manía de comprar algunos cigarros y dejarlos reposar un buen tiempo esperando al momento adecuado.
 
 

La planta del cigarro es simple y llanamente bonita, con su anilla con toques dorados, su capa carmelita clara y su excelente tacto.

Su vitola de galera es Pirámides Extra, y sus medidas  160mm con un cepo 54.

Sabía que tenía por delante casi hora y media de disfrute y no me equivoque.

Para el corte empele un cortapuros de doble hoja que por otro lado son siempre los mas adecuados bajo mi punto de vista para los cigarros figurados como este.

El encendido lo efectué con un encendedor de mesa tipo torch.

El cepo del cigarro colaboró en que las bocanadas, desde el primer momento, fueran muy amplias, y a que el tiro fuera perfecto durante toda la fumada.
 

La fortaleza fue evolucionando muy gradualmente de débil a media o media fuerte ya al final de tercer tercio, y los sabores que fue dejándome simplemente espectaculares. Sabores muy equilibrados, nada marcados, suaves y melosos con recuerdos a tostados que se mantuvieron durante los tres tercios y a los que se unieron algún toque especiado en el segundo, pero siempre con un leve gusto dulzón.
 
 

Toda una explosión muy lograda de sabores que me proporcionó casi una hora y veinte minutos de deleite. Y así mientras me envolvía y recreaba con el espléndido aroma de un cigarro espectacular la tarde fue dando paso a los contraluces del anochecer apagando el día al tiempo que se consumía el cigarro.
Realmente, todo un placer


 

sábado, 12 de octubre de 2013

SENCILLEZ COTIDIANA


Como ya he apuntado en más de una ocasión muchas veces nos obcecamos, y yo el primero, a la hora de elegir un plato, buscando opciones muy elaboradas, originales, complicadas… buscando en la originalidad o dificultad el éxito.

Pero muy frecuentemente es en las elaboraciones más simples y sencillas en platos de lo más cotidiano en las que encontramos aquello que buscamos. Y eso es precisamente lo que me ha ocurrido hoy.

No tenía muy claro el menú, y después de darle alguna vuelta que otra y a sugerencia de mi familia nos decantamos por un pollo asado.

Así de primeras parecía que la cosa no tenía muchas opciones, pero decidido a darle algún toque diferente me puse a la tarea.

En primer lugar me ocupe de limpiar el pollo, retirándole toda la piel. Lo coloque en una bandeja de horno y lo regué generosamente con aceite de oliva.

Pelé cuatro dientes de ajo, los aplaste con el cuchillo y los coloque junto con el pollo.

Después, un poco de salsa Worcester me sirvió para “alegrarlo”, y como toque final le añadí medio vaso de vino blanco y un vaso más que generoso de Oporto.

Solo restaba añadir sal y jugar con el horno.

Esperé a que estuviera a 100º y deje que el pollo se hiciera lentamente a esa temperatura unos veinte minutos. Lo regué con su propia salsa y elevé la temperatura a 150º, dejándolo así otros cuarenta minutos más dándole la vuelta justo a mitad de cocción.

Pasado ese tiempo volví  a dar la vuelta al pollo, subí la temperatura a los 200º y lo dejé unos  cinco minutos más para que se dorara. Y eso fue todo. Sencillo y rápido, pero con un resultado espectacular.

Para rematar preparé un fondo de patatas fritas y sobre este coloqué el pollo, sirviendo la salsa en un cuenco a parte para evitar que esta empapara las patatas.

Como he dicho al principio una opción fácil y  cómoda pero que nos dio una gran satisfacción por su resultado y que animo a probar. 

Como es habitual después de la comida llegó la sobremesa, que me trajo un momento muy agradable en compañía de un cigarro que últimamente se ha convertido en un imprescindible de mi humidor, un Bolivar Royal Coronas Tubos que me proporcionó una fumada de casi una hora llena de sensaciones, pero esa es otra historia…
 

Como de costumbre, todo un placer.

 


sábado, 21 de septiembre de 2013

AMPLIANDO HORIZONTES


 Tras un periodo algo incierto, de ajetreo, incertidumbre, nervios y más estrés del que hubiera sido deseable parece que las cosas poco a poco vuelven a su cauce y a la normalidad. Y de nuevo puedo volver a ocuparme de este espacio.

Circunstancias profesionales nos han llevado a mí y a los míos lejos de España, prácticamente al corazón de Europa; pero si hace ya más de un año, mi estancia en un lugar mucho más remoto y “complicado” no fue suficiente para abandonar mi quehacer bloguero, mucho menos lo haré ahora. Y esta nueva andadura no es sino, como reza el encabezamiento, una forma de ampliar horizontes y buscar nuevas experiencias con las que disfrutar. Primero viviéndolas y por supuesto después compartiéndolas con todo aquel que se asome a esta pequeña parcela.

 

Y precisamente para celebrar ese atisbo de vuelta a lo normalidad y para inaugurar el que es nuestro nuevo hogar, el domingo, y ya que el tiempo por estos lares invitaba a ello, me decidí por preparar un plato tan sabroso como contundente y con el que he de confesar que se arriesga muy poco, pues mi público es un incondicional del mismo. Una fabada que, todo hay que decirlo, fue confeccionada en parte con elementos autóctonos, pero que dieron un resultado más que aceptable.
 
                                               

Una vez que finalizada la comida me dispuse a rematarla con uno de los cigarros que guardo, o mejor dicho, guardaba, en el humidor que tengo dedicado a las vitolas mas especiales. El elegido para la ocasión fue un cigarro igual de contundente, al menos en aspecto,  que el plato que lo precedió. Un Ramón Allones Grandes.

Se trata de un cigarro cuya vitola de galera es Paco, con una longitud de 180mm y un cepo 49.

Un cigarro bonito, de aspecto soberbio, con su capa carmelita y sus dos anillas, pues añade a la habitual de la marca la que le identifica como una edición exclusiva para España.

En frio nos deja un intenso aroma a cuero con notables recuerdos a tierra. Tras efectuar el corte con mi inseparable cortapuros de doble hoja, ( creo que ya va necesitando un relevo ), lo encendí y saboree la primera bocanada.

Ya desde los momentos iniciales se descubre que no es un cigarro precisamente fuerte, mas bien su fortaleza la podemos situar entre media o media-baja, pero si muy muy agradable.

Los sabores son bastante lineales, apreciándose algunas notas tostadas y recuerdos a tierra y vegetales. Poco a poco fue ganando en fortaleza, pero muy levemente, y en el segundo tercio aparecieron algunas puntas amargas.

La combustión fue perfecta y pareja durante toda la fumada y el tiro correcto. Un cigarro de sabores suaves, no muy marcados y agradable aroma. En esta ocasión lo acompañe solamente con un poco de agua. Eso si, con gas, pues es la costumbre de estas tierras.

Después de casi una hora y veinte minutos hube de despedirme de un buen cigarro que me brindó un generoso rato de relax disfrutando de mi nueva vida y mi nuevo hogar.
Una vez más fue todo un placer.