martes, 10 de julio de 2012

DIPLOMACIA CARIBEÑA


Después de mi artículo presentándome de nuevo, me lanzo hoy con la crónica del primer maridaje con el que me he atrevido después de tanto tiempo.

En este caso se trata de un cigarro de los que considero imprescindibles en mi humidor, el cual he acompañado con un ron venezolano ciertamente agradable.

El cigarro elegido ha sido un Trinidad Robusto T. Un tabaco de aspecto suave, tacto esponjoso y con un aroma en frio a cuero y madera con algunas notas tostadas. Su vitola de galera es “Del Valle”, que es equivalente a un robusto, con una longitud de 124mm y un cepo 50.
El espirituoso que lo acompañó fue un ron Diplomático 12 años; un ron venezolano producido por Destilerías Unidas. Es este un ron muy elegante, con un color caoba oscuro y reflejos dorados. Añejado durante doce años en barricas de roble, tiene un cuerpo excepcional.

En nariz nos deja aromas con toques cítricos acompañados de azúcar y algunas notas de canela.
En boca es un ron muy agradable, con un dulzor muy marcado y  notas de madera , siendo su paso en boca muy suave.

El corte del cigarro lo efectué con mi inseparable cortapuros de doble hoja, retirando la característica perilla de esta marca de cigarros. Y el encendido, como no, con un encendedor tipo torch.
Desde el primer momento las bocanadas fueron amplias y sabrosas, y el sabor muy suave, dejando notas de madera y un levísimo amargor.

                                                   
Esas mismas bocanadas fueron ganando en cremosidad, fundiéndose esta a la perfección con el pronunciado dulzor y las notas pasteleras del ron.
Ya en el segundo tercio de la fumada se hicieron evidentes las notas tostadas con algunas puntas vegetales del cigarro, manteniendo esa acentuada cremosidad, haciendo la combinación con el ron mucho más redonda.
En el tercio final la fortaleza subió un punto pero la apreciación de sabores se mantuvo estable, destacando tal vez un poco más la madera, lo cual no hizo sino favorecer el maridaje con el ron, llegando a un equilibrio de sabores en boca más que sobresaliente.
Fue esta una muy acertada elección que recomiendo encarecidamente, especialmente a aquellos que prefieren combinaciones más suaves, o armónicas, sin grandes explosiones de sabores.
Puedo garantizar, sin miedo a equivocarme, que para aquellos que lo prueben, será todo un placer.

miércoles, 13 de junio de 2012

DE VUELTA A CASA


Después de varios meses de travesía por el desierto, alejado de mi hogar, de los míos y de la mayor parte de mis aficiones; y después de poner en orden todo lo que hube de dejar  aparcado a causa de mis obligaciones laborales, al fin regreso a este espacio para seguir compartiendo, y espero que entreteniendo a quienes lo visiten, mis experiencias en torno al mundo de los habanos, los maridajes  y la gastronomía.

Desde luego, cuando partí lo hice con una aceptable provisión de cigarros, y a pesar de la lejanía, me las arreglé para poder probar algún caldo que me ha sorprendido y agradado de manera sobresaliente.
                                                               

Entre los elegidos hubo una selección de lo más variado, tanto en marcas como vitolas. Desde algún Montecristo Edmundo o Petit Edmundo, pasando por varios Partagás serie D nº4, Ramón Allones Specially Selected, Partagas P nº2, Trinidad Robusto T, Robusto Extra y H Upmann Magnum 50.

Como he dicho una selección de lo más variado pero bastante completa y compuesta por varios “imprescindibles” vaya donde vaya.

Respecto a ese “caldo”, no me resisto a contarlo,  a pesar de que ya lo tengo en la lista de los componentes de algún próximo maridaje y que será objeto de un apartado propio en esta página. Se trata del Brandy Solera Gran Reserva Lepanto P.X.  Una auténtica maravilla que deleitará a los amantes de los Brandy y que para colmo, tiene como añadido un precio realmente contenido para un producto de esa calidad.

Es desde luego un complemento perfecto para nuestros cigarros. Ahora, tenemos por delante la grata tarea de buscar la mejor o las mejores fumadas con las que la combinación sea perfecta.

Pero volviendo a mi “lapsus”, quiero también resaltar que la falta de condiciones que tuve al comienzo de mi estancia hizo que no hubiera forma de conservar los cigarros adecuadamente. Y esa situación me dio no pocos quebraderos de cabeza, obligándome a improvisar hasta que di con la solución perfecta. Solución que en ocasiones había escuchado pero a la que nunca presté mucha credibilidad. Esta no fue otra que utilizar como humidor un tupperware dentro del cual introduje un par de tapones de plástico con un poco de agua.

                                                            

El resultado fue casi milagroso, y en cuestión de pocos días, los cigarros estaban perfectamente recuperados. Desde ese momento en adelante solo necesite controlar la humedad, o mejor dicho el exceso de esta.

Desde luego que no hay nada como situaciones de necesidad para agudizar la imaginación y buscar soluciones imaginativas, sencillas y en este caso muy económica.

Valga pues esta breve entrada como saludo y reencuentro con todos aquellos que en ocasiones o más o menos frecuentemente visitan este espacio y para inaugurar la nueva serie de artículos. Solo adelantaré que de momento tengo preparadas  varias recetas y algunos maridajes que desde luego no dejarán indiferente a nadie y por supuesto alguna experiencia reciente.

Poder volver a escribir y contar con su presencia aquí es y será sin duda, todo un placer.


martes, 13 de marzo de 2012

FACIL Y A GUSTO DE TODOS


Hoy vuelvo a este espacio con una receta muy sencilla y práctica, pero no por ello menos atrayente.

En esta ocasión se trata de una receta a base de pasta.

Para elaborarla emplearemos macarrones, una rama de apio, un puerro, cuatro tomates en rama pequeños, media cebolla, 150 gr de carne picada ( en este caso no importa que sea de pollo, ternera o cerdo ) y tomillo en rama.
                                                        

Para cocer la pasta pondremos una cacerola con abundante agua, le añadimos un chorrito de aceite de oliva y la llevaremos a ebullición.

Mientras el agua comienza a hervir, colocaremos en el robot de cocina o en la picadora el puerro cortado en trozos, el apio, el tomillo en rama y la cebolla.

Cortamos los tomatitos en trozos muy pequeños. La razón de no introducirlos junto con los demás  es para evitar que se trituren y formen una pasta.

Añadimos la pasta al agua hirviendo y dejamos cocer durante unos 8 minutos. Es importante controlar la cocción de la misma para lograr que quede “al dente”. Habremos de tener en cuenta que en función del tipo de pasta esta necesitará más o menos tiempo.

Mientras que cocemos la pasta, pondremos una sartén grande con tres cucharadas de aceite de oliva. Cuando haya cogido algo de temperatura añadimos la verdura que hemos picado y los tomates. Rehogaremos todo, y cuando observemos que la verdura comienza a pocharse incorporamos la carne. Ya solo falta esperar a que la carne tome un poco de color, cuidando que quede jugosa y no se haga en exceso.
                                                                                  
Volcamos la pasta una vez escurrida en la sartén junto con la verdura y la carne, rectificamos un poco de sal, le damos un golpe de fuego y ya tenemos listo nuestro plato.

                                                       
Como se puede comprobar un plato fácil, sencillo y rápido. Desde luego, puedo asegurar que será todo un placer.










domingo, 12 de febrero de 2012

VOLUTAS DE RECUERDOS


Hoy me siento delante de esta hoja en blanco tratando de transmitir y compartir algunas de las sensaciones que me produce el disfrutar de una de esas pequeñas “obras de arte” que es como me gusta denominar a los habanos.

Ya he comentado en anteriores ocasiones que para mí disfrutar de un habano es mucho más que el simple hecho de encenderlo y saborearlo. Un habano es el momento de elegirlo, cuando decido que marca y vitola se ajusta a la situación, o cuando entro en la cava y me embeleso dejándome llamar por alguno de ellos. Es ese instante que empleo en contemplarlo, olerlo…

Es cuando me acomodo en el lugar adecuado, solo o acompañado, con un buen libro, con una música agradable… o simplemente sin nada, dispuesto solamente  a dejar volar el pensamiento envuelto en las volutas del humo de mi cigarro.

El habano es un compañero fiel, discreto, que nos transmite su calma, la misma calma que los vegueros han puesto durante su prolongada y paciente elaboración. Un compañero que nos invita a relajarnos, a pensar, a disfrutar del momento, sea cual sea; que en ocasiones nos despierta la nostalgia, y que en otras nos transmite  la alegría inherente a su tierra de origen.

Todos asociamos o identificamos esas sensaciones que nos traen los habanos con algunos momentos o situaciones más o menos concretas.

Para mí, en el momento actual, lejos de casa y de los míos, cada habano que enciendo es un refugio hecho de hojas de tabaco, que me trae recuerdos,  sensaciones, que me envuelven con su aroma y que se disipan poco a poco al igual que las hojas se van convirtiendo en grisáceos rodales de ceniza.

 
Porque uno de los mayores vínculos que me mantienen cerca de lo que he dejado atrás por un tiempo son los momentos en los que busco un lugar tranquilo, me siento y disfruto de mi cigarro y de todo lo que lo rodea, que no se limita solo a su magnífico aroma y sabor. Junto con ambos vienen recuerdos de  esos momentos  en casa llenos siempre de felicidad y alegría,  y casi sintiéndolos con cada bocanada, paso el tiempo lejos de aquí, junto a quienes me mas quiero y me animan a seguir adelante cada día.

Y aunque a quien no esté familiarizado con este mundo, esto pueda haberle sonado extraño, estoy seguro que los que habitualmente dedican unos minutos a seguir estas líneas entienden perfectamente de lo que hablo, saben lo que es capaz de transmitirnos un habano y seguro habrán experimentado sensaciones parecidas.

Una vez más, compartir estas experiencias fue todo un placer.

martes, 7 de febrero de 2012

SIMPLICIDAD CON TOQUE ORIENTAL

No siempre, en los platos o propuestas más elaboradas encontramos la excelencia, y por ello, en esta ocasión,  mi propuesta  es una opción simple, original y fruto, todo hay que decirlo, de la más pura improvisación.
Había comprado unos filetes de atún fresco, de un aspecto delicioso. Pero no me había planteado la forma de prepararlos. Hacerlos a la plancha sin más era lo más socorrido y el resultado estaba asegurado.

Pero me decidí a buscar un toque original pero sin grandes complicaciones; tampoco había mucha opción a ello porque solo disponía de lo que ya había en casa, así que como en otras ocasiones, abrí el frigorífico y contemplé durante unos segundo su interior esperando “iluminarme”. Pero no hallé nada que me motivara.
De ese modo, por ir avanzando, opté por trocear los filetes en pequeños “taquitos”, a la vez que pensaba que hacer con ellos, y así me vino a la cabeza la idea que me dispongo a compartir con todos ustedes.
Una vez troceados los filetes, hice lo propio con un par de dientes de ajo.
Puse una sartén a calentar con un poco de aceite de oliva, y cuanto esta tomó temperatura, incorporé los tacos de atún para que se doraran ligeramente, procurando dejarlos “al punto”.
A la vez, en una sartén pequeña añadí un par de cucharadas pequeñas de aceite y añadí los ajos muy bien troceados. Cuando estos empezaron a dorarse, los regué con una cantidad abundante de salsa Teriyaki, baje un poco el fuego y lo dejé reducir.
En un plato coloqué como base unas hojas de endivia, y sobre estas, fui poniendo cuidadosamente los taquitos de atún. Los regué con la salsa a base de ajo y salsa Teriyaki le añadí un poco de sal Maldon. Y ya estaba todo listo.
                                                  
Como puede comprobarse un plato improvisado, rápido y pueden creerme, realmente suculento, les recomiendo que no dejen de probarlo, será como siempre, todo un placer.

jueves, 26 de enero de 2012

UN MOMENTO LLENO DE MATICES

Hace casi un año hice referencia a un cigarro que cuando tuve la ocasión de probarlo me sorprendió como pocos lo han hecho. Y aunque desde entonces he vuelto a degustarlo  varias veces,  quiero hacer mención a la última ocasión en que lo hice. Tal vez porque puede que sea la vez en que más lo disfruté y porque ahora momentos como ese me vienen a la mente con gran nostalgia, pues hasta dentro de unos meses no podré volver a disfrutar nada ni siquiera parecido; pero eso es otro asunto.

Se trata del Trinidad Short Robusto T. Un cigarro cuyo nombre ya nos delata su formato, corto y de calibre grueso, pero que no revela ni por asomo su verdadero carácter.
Los habituales de la marca pueden ser los más sorprendidos , pues si llegan hasta el buscando la suavidad y delicadeza del resto de vitolas de la marca, se hallarán frente a un cigarro más que contundente.

Lo primero que destaca en el es su prestancia, con una capa carmelita madura, realzada por la bonita y sencilla anilla de la marca y la anilla adicional correspondiente a las ediciones limitadas. De tacto suave y algo esponjoso, con un fuerte olor en frio a tabaco y madera con ciertas notas a tierra.
                       
Su vitola de galera es Short del Valle, con una longitud de 102mm y un cepo 50.

Sentado cómodamente en el sofá, después de una cena ligera y agradable me dispuse a disfrutar de un momento de tranquilidad con mi cigarro y acompañado de la lectura de un buen libro junto a mi mujer. Poco más creo que se puede pedir.
En esta ocasión efectué el encendido antes de el corte, dejé que la brasa fuera completa, y lo realice usando para ello un cortapuros de tipo tijera.
La primera bocanada fue amplia y sabrosa, comenzando a demostrar lo que este cigarro encierra dentro.
Inicialmente fue especialmente notable el intenso sabor a tabaco, dejando algunas notas vegetales y a tierra. Las bocanadas como ya he comentado fueron amplias desde el primer momento, dejando unas hermosas volutas de humo azulado llenas de aroma.

Según avanzaba en la lectura y en la fumada, el sabor se intensificó, así como la fortaleza, apareciendo algunas puntas amargas y acentuándose mucho la madera. Una evolución magnífica y que me satisfizo por completo.
Ya en la parte final de la fumada, que no de la lectura, los sabores se intensificaron mucho más, apreciando algunas notas tostadas pero predominando fundamentalmente la madera.
Una fumada de algo más de 40 minutos, llena de matices y que fue el complemento ideal para una sobremesa muy especial.



Como ya he comentado, un cigarro que sorprende por su fortaleza y por su complejidad, encerrada en un formato muy habitual en los últimos tiempos. Como siempre y una vez más, unos momentos que fueron todo un placer.

viernes, 13 de enero de 2012

SENCILLEZ EXQUISITA

Después de un tiempo sin realizar nuevas aportaciones a este espacio, muy a mi pesar, quiero reiniciar la actividad con una propuesta sugerente que tal vez alguien se anime a probar aprovechando el fin de semana.
Se trata de un plato económico, sencillo, suave y muy elegante.
Para elaborarlo emplearemos un rodaballo; Como necesitaremos los cuatro lomos, podemos pedir en la pescadería que nos lo preparen de ese modo, así ahorraremos un buen trabajo; así mismo pediremos que nos reserven la cabeza, pues la necesitaremos para hacer un poco de caldo.
Junto con el rodaballo emplearemos  una copa de cava, azafran en hebras, sal, pimienta y para la guarnición unas patatas y unas verduras, que en mi caso fue un poco de brócoli, zanahoria y coliflor.
En primer lugar ponemos a hervir la cabeza del rodaballo en un litro de agua. Si tenemos algo de fume de pescado podemos añadirle un poco para darle algo más de sabor.
Mientras preparamos el caldo colocaremos los lomos de rodaballo en una bandeja de horno, salpimentados ligeramente y los rociamos con un par de cucharas de aceite de oliva.
Introducimos la bandeja en el horno, que previamente habremos calentado a 180º, y la mantenemos ahí unos diez minutos aproximadamente. Pasado ese tiempo bajaremos la temperatura para que los lomos terminen de hacerse con el calor residual y no se nos sequen.
Al tiempo, y una vez que la cabeza del rodaballo haya hervido por unos cinco minutos, retiraremos esta y añadiremos al caldo la copa de cava y el azafrán en hebras. Dejamos hervir un par de minutos más y lo dejamos reposar a fuego lento.
                                        
Para la base del plato cortamos las patatas en rodajas lo más finas posibles, y empleando una sartén pequeña, y con el aceite muy caliente, iremos colocando las patatas formando una especie de torta, de tal modo que al retirarlas de la sartén, cosa que haremos en cuanto estén mínimamente doradas, quedarán todas unidas para servirnos como base del rodaballo.
Justo antes de servir, añadiremos un poco de maicena al caldo para espesarlo un poco. Y ya tenemos nuestro plato prácticamente listo.
Colocaremos como base en cada plato una “torta” de patatas preparada del modo antes descrito, sobre esta un lomo de rodaballo y lo cubriremos con un poco del caldo espesado.
Solo nos falta acompañarlo con las verduras que antes  comenté preparadas de la forma más simple, al vapor. Y ya tenemos todo listo.

Como puede comprobarse un plato sencillo y apetecible, desde luego, y como siempre, todo un placer.