jueves, 26 de enero de 2012

UN MOMENTO LLENO DE MATICES

Hace casi un año hice referencia a un cigarro que cuando tuve la ocasión de probarlo me sorprendió como pocos lo han hecho. Y aunque desde entonces he vuelto a degustarlo  varias veces,  quiero hacer mención a la última ocasión en que lo hice. Tal vez porque puede que sea la vez en que más lo disfruté y porque ahora momentos como ese me vienen a la mente con gran nostalgia, pues hasta dentro de unos meses no podré volver a disfrutar nada ni siquiera parecido; pero eso es otro asunto.

Se trata del Trinidad Short Robusto T. Un cigarro cuyo nombre ya nos delata su formato, corto y de calibre grueso, pero que no revela ni por asomo su verdadero carácter.
Los habituales de la marca pueden ser los más sorprendidos , pues si llegan hasta el buscando la suavidad y delicadeza del resto de vitolas de la marca, se hallarán frente a un cigarro más que contundente.

Lo primero que destaca en el es su prestancia, con una capa carmelita madura, realzada por la bonita y sencilla anilla de la marca y la anilla adicional correspondiente a las ediciones limitadas. De tacto suave y algo esponjoso, con un fuerte olor en frio a tabaco y madera con ciertas notas a tierra.
                       
Su vitola de galera es Short del Valle, con una longitud de 102mm y un cepo 50.

Sentado cómodamente en el sofá, después de una cena ligera y agradable me dispuse a disfrutar de un momento de tranquilidad con mi cigarro y acompañado de la lectura de un buen libro junto a mi mujer. Poco más creo que se puede pedir.
En esta ocasión efectué el encendido antes de el corte, dejé que la brasa fuera completa, y lo realice usando para ello un cortapuros de tipo tijera.
La primera bocanada fue amplia y sabrosa, comenzando a demostrar lo que este cigarro encierra dentro.
Inicialmente fue especialmente notable el intenso sabor a tabaco, dejando algunas notas vegetales y a tierra. Las bocanadas como ya he comentado fueron amplias desde el primer momento, dejando unas hermosas volutas de humo azulado llenas de aroma.

Según avanzaba en la lectura y en la fumada, el sabor se intensificó, así como la fortaleza, apareciendo algunas puntas amargas y acentuándose mucho la madera. Una evolución magnífica y que me satisfizo por completo.
Ya en la parte final de la fumada, que no de la lectura, los sabores se intensificaron mucho más, apreciando algunas notas tostadas pero predominando fundamentalmente la madera.
Una fumada de algo más de 40 minutos, llena de matices y que fue el complemento ideal para una sobremesa muy especial.



Como ya he comentado, un cigarro que sorprende por su fortaleza y por su complejidad, encerrada en un formato muy habitual en los últimos tiempos. Como siempre y una vez más, unos momentos que fueron todo un placer.

viernes, 13 de enero de 2012

SENCILLEZ EXQUISITA

Después de un tiempo sin realizar nuevas aportaciones a este espacio, muy a mi pesar, quiero reiniciar la actividad con una propuesta sugerente que tal vez alguien se anime a probar aprovechando el fin de semana.
Se trata de un plato económico, sencillo, suave y muy elegante.
Para elaborarlo emplearemos un rodaballo; Como necesitaremos los cuatro lomos, podemos pedir en la pescadería que nos lo preparen de ese modo, así ahorraremos un buen trabajo; así mismo pediremos que nos reserven la cabeza, pues la necesitaremos para hacer un poco de caldo.
Junto con el rodaballo emplearemos  una copa de cava, azafran en hebras, sal, pimienta y para la guarnición unas patatas y unas verduras, que en mi caso fue un poco de brócoli, zanahoria y coliflor.
En primer lugar ponemos a hervir la cabeza del rodaballo en un litro de agua. Si tenemos algo de fume de pescado podemos añadirle un poco para darle algo más de sabor.
Mientras preparamos el caldo colocaremos los lomos de rodaballo en una bandeja de horno, salpimentados ligeramente y los rociamos con un par de cucharas de aceite de oliva.
Introducimos la bandeja en el horno, que previamente habremos calentado a 180º, y la mantenemos ahí unos diez minutos aproximadamente. Pasado ese tiempo bajaremos la temperatura para que los lomos terminen de hacerse con el calor residual y no se nos sequen.
Al tiempo, y una vez que la cabeza del rodaballo haya hervido por unos cinco minutos, retiraremos esta y añadiremos al caldo la copa de cava y el azafrán en hebras. Dejamos hervir un par de minutos más y lo dejamos reposar a fuego lento.
                                        
Para la base del plato cortamos las patatas en rodajas lo más finas posibles, y empleando una sartén pequeña, y con el aceite muy caliente, iremos colocando las patatas formando una especie de torta, de tal modo que al retirarlas de la sartén, cosa que haremos en cuanto estén mínimamente doradas, quedarán todas unidas para servirnos como base del rodaballo.
Justo antes de servir, añadiremos un poco de maicena al caldo para espesarlo un poco. Y ya tenemos nuestro plato prácticamente listo.
Colocaremos como base en cada plato una “torta” de patatas preparada del modo antes descrito, sobre esta un lomo de rodaballo y lo cubriremos con un poco del caldo espesado.
Solo nos falta acompañarlo con las verduras que antes  comenté preparadas de la forma más simple, al vapor. Y ya tenemos todo listo.

Como puede comprobarse un plato sencillo y apetecible, desde luego, y como siempre, todo un placer.





viernes, 30 de diciembre de 2011

UNA TARDE EN MI REFUGIO

Como ya habrá notado más de alguno de los que amable y habitualmente me siguen, y creo haber comentado en alguna ocasión, para encontrar esos momentos plenos de relax y disfrute no es necesario, al menos para mi, buscar lugares especiales, lujosos o extravagantes. Por supuesto que soy un amante de los buenos locales, o mejor dicho de los locales, restaurantes, hoteles etc. con encanto. Pero sin duda el lugar en el que encuentro y disfruto de esos momentos es el propio hogar.
Todos tenemos un lugar especial en casa en el que nos sentimos plenamente a gusto y al que nos retiramos a disfrutar de nuestros pequeños placeres. Y en mi caso es la terraza. Ciertamente no tiene nada especialmente singular, pero es “mi” refugio. Y además, tengo la fortuna de disfrutar de una temperatura aceptablemente agradable durante todo el año, así que miel sobre hojuelas.
Así que en este caso los acompañantes de mi retiro momentáneo fueron un buen libro, en mi caso como casi siempre de Historia, una copa de ron cubano, un Havana Club 7 años y un H. Upmann Magnum 50. Como pueden ver una compañía difícilmente superable. El momento prometía y no defraudó.
Es este ron una pequeña delicatesen con un sabor diferente y característico. De color caoba claro y nítido. En nariz es complejo y trae notas y recuerdos a cacao, vainilla, tabaco, como no podía ser de otra forma dado su origen  y frutas tropicales. En boca es redondo, complejo, elegante y muy suave, y nos deja en el paladar un equilibrado sabor con ese cacao del que hemos hablado, caña de azúcar, un toque agridulce a especias, dejándonos un final intenso pero suave.
El cigarro que disfrute junto con este ron es una vitola que nació como edición limitada y que acabó incorporándose al vitolario general.
Su vitola de galera es   Magnum 50   con una longitud de 161mm y un cepo 50. Capa de color maduro y un profundo aroma en seco a madera.
                                                      
Es un cigarro que desde el primer momento nos proporciona una amplia y untuosa bocanada.
Ya desde su primer tercio apreciamos las intensas notas a madera con puntas vegetales. Es aquí donde el ron toma cierto protagonismo sobre el cigarro, quedando un punto por encima de los sabores de este pero sin taparlo ni distorsionarlos.
En el segundo tercio, este magnífico cigarro, que he de decir se ha convertido en uno de los imprescindibles de mi humidor, nos muestra todo su repertorio de sabores, no muy fuertes pero si muy intensos, manteniendo la madera y apareciendo ciertas notas dulces que cuando entran en conjunción con el ron forman una coalición perfecta, dejándonos una muy agradable sensación en boca.
Durante el tercer tercio los aromas que nos dejan las intensas bocanadas del cigarro lo inundan todo, apareciendo ya casi al final una pequeñas puntas picantes al tiempo que mantiene las notas vegetales, la madera y algo de cacao, todo ello con una especial intensidad. Aquí el ron nos quedará un poco por debajo del habano pero maridando perfectamente su caña de azúcar con la madera y el cacao mencionados.
Una combinación que créanme, a pesar del formato del cigarro, nos dejará con ganas de más, señal inequívoca de que es todo un acierto.
Una tarde de disfrute que de nuevo fue todo un placer.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

PURA ARTESANIA Y II

No hace mucho, dediqué unas líneas a hablar sobre el arte ( porque es así como yo lo considero ), del cultivo del tabaco y las diferentes labores necesarias para la fabricación de los cigarros.
En aquella ocasión me detuve a mitad del proceso. Y ahora ha llegado el momento de completar el relato del mismo.
Empezaremos donde lo dejamos, comenzando por el torcido.

El torcido del cigarro se realiza en la galera. Los torcedores, clasificados según su destreza, crean las distintas vitolas y marcas de Habanos. La "carrera" de un maestro torcedor, comienza
con al menos 2 años de aprendiz. Los que superan esta categoría, deberán trabajar mínimo 6 años más, para dominar todas las modalidades que existen. Los criterios de ascenso son muy rigurosos y pueden tardarse 20 años en alcanzar la categoría de maestro torcedor. Sólo los maestros torcedores, y no todos, tienen la capacidad de elaborar las vitolas más difíciles, sin duda, los grandes formatos.

¿Pero como se inicia la elaboración de un cigarro?
Un vez seleccionada la ligada, cantidad de tabaco de cada tipo ( volado, seco o ligero ), que conformará el cigarro, las manos de la torcedora preparan el capote, cuya misión es sujetar la tripa.
Para este fin se emplean las hojas de la parte media de la planta del tabaco, más flexibles y resistentes. 


La tripa, el corazón del cigarro, contiene los tres tipos diferentes de tabaco antes mencionados: ligero, seco y volado; el ligero, procede de la parte alta de la planta, es la hoja que aporta la fortaleza al sabor del puro; el seco, se obtiene del centro de la planta y es el que aporta el aroma al cigarro; el volado son las hojas de la parte baja de la planta, y aportan la combustibilidad al cigarro.
La mezcla de dichos tabacos, que se denomina "ligada", constituye la "receta" de los maestros tabaqueros, y es diferente para cada vitola y marca, dando personalidad propia a cada cigarro.
La unión de la tripa y el capote es un paso fundamental, ya que tiene como objeto lograr la consistencia y forma del cigarro. El capote tiene, por tanto, la finalidad de mantener unida la tripa.
Un vez elaborada la tripa, el torcedor  procede al cierre del capote sobre la misma. Para ello, calcula la longitud que debe tener el cigarro y  envuelve el capote sobre la tripa de un modo definitivo. El capote con la tripa forma el tirulo (también llamado empuño o bunche), que no es sino un puro desprovisto de capa. Después, los tirulos se colocan en filas de unas 10 unidades sobre moldes de madera del tamaño del producto final deseado.

Esta operación tiene por finalidad el moldeado del cigarro, para que este  quede prensado y las hojas sujetas antes de empezar a colocar la capa; esta es probablemente la operación más delicada de todo el proceso.

La siguiente fase es el  prensado. Durante esta,  los moldes se introducen en una prensa, que aplica la presión necesaria para que los cigarros adquieran forma. Durante los cuarenta y cinco minutos que dura el prensado, los puros giran con regularidad para crear el contorno cilíndrico deseado. La prensa es todo un símbolo de los torcedores; La forma de poner las cajas, el grado y tiempo de presión son propios de cada uno de los maestros y uno de sus mayores secretos.

Las  hojas que se utilizarán para la capa  son elegidas con especial cuidado porque deben tener un color, una textura y un brillo inmejorable; es, por tanto, una parte clave del proceso, pues dará  la imagen que al final tendrá el cigarro.
La capa debe ser alisada antes de pasar a la fase siguiente, el corte.

                                                                 

El torcedor corta la capa con una cuchilla curva, llamada chaveta, con la que prepara el que será el "vestido" final del cigarro.
El tipo de corte es decisivo para lograr un buen acabado y va en función de la vitola que se vaya a torcer. Se utiliza solo el centro de la hoja, para que no ofrezca las venas del exterior.

Una vez preparada la hoja de la capa, el torcedor tiene que colocar esta hoja perfectamente, de forma que quede lo más sujeta y estirada posible. La punta de la hoja debe quedar en el pie y la base de la hoja en la cabeza; así, el tabaco es más suave en las primeras caladas.

Esta operación de enrollado de la capa finaliza utilizando la chaveta y cortando la hoja a medida para la elaboración de la perilla, que es la parte del cigarro que mantiene enrolladas todas las hojas.  Esta se fija en la cabeza con goma vegetal tragacanto; es lo que se denomina como “vuelo”.

                                                                               
Ya en la última fase de elaboración del cigarro, se corta con una sencilla cortadora de guillotina para así conseguir la longitud del cigarro adecuada de cada vitola. Después, en un cepo de madera comprueba que el Habano se ajusta a las medidas exactas de su vitola.
 Comprobada forma y tamaño, los cigarros se amarran con una cinta suave en mazos de 50 y pasan a la cámara de fumigación al vacío, donde se inmunizan contra las plagas.

 

Aún quedan otras fases del proceso que en alguna futura y no muy lejana ocasión relatará para completar el relato, pero por ahora lo dejaremos aquí, no antes sin confesar que estas breves líneas me han despertado el deseo de probar otro de esos cigarros de los que hablo. Tengan por seguro que será todo un placer.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Y DE LA TIERRA... EL CORDERO


En esta ocasión quiero hacer una propuesta muy adecuada para la estación en la que nos encontramos, un plato tradicional, sabroso y contundente que no dejará indiferente a nadie.

Una buena opción, sencilla, para poder disfrutar con los nuestros y agasajarlos una vez más.

Se trata de una caldereta de cordero.

Para su elaboración emplearemos un pimiento rojo, un pimiento verde, una cebolla, cuatro dientes de ajo, una zanahoria, una patata grande,  sal, pimienta, tomillo, laurel, vino tinto, brandy y cómo no, el cordero. En mi caso empleé un kilo de chuletas de pierna que yo mismo me encargué de trocear en dados.

Elegí esa parte del cordero porque es de las que menos grasa tienen.

Bueno, y una vez reunidos los ingredientes, nos ponemos manos a la obra.

Sólo otro detalle, para elaborar este plato hay dos opciones ideales, bien utilizar una cazuela de barro, o bien, como es mi caso, una cocot, que es una cacerola de hierro fundido.

Pero sigamos, troceamos toda la verdura, ponemos abundante aceite de oliva en la cocot la pochamos a fuego lento.

Cuando veamos que está casi a punto, incorporamos el cordero y lo doramos un poco junto con la verdura.  Una vez ha tomado un poco de color y temperatura, condimentamos con el tomillo y el laurel, lo regamos todo con el brandy y flambeamos.
                                                              
Cuando se haya evaporado el brandy cubrimos con el vino, salpimentamos y dejamos cocer todo a fuego medio.

Mientras comienza a cocer, troceamos las patatas en porciones no muy grandes y las añadimos a la cazuela.

Dejaremos entonces que se haga todo, a fuego medio como he dicho, hasta que veamos que tanto las patatas como el cordero han alcanzado su punto. Y aquí emplearemos un pequeño truquillo: sacamos con un cucharón una parte de las verduras y patatas, no hace falta que sea una gran cantidad, con dos cucharones bastará, y un poco del caldo.

Lo ponemos en un recipiente y lo batimos, creando una especie de crema espesa. Una vez hecho esto vertemos el resultado de nuevo en la cazuela y dejamos cocer todo unos minutos más. Haciendo esto le daremos un punto más de consistencia al guiso.

Y ya tenemos listo nuestro plato. Solo un apunte más, es aconsejable prepararlo por la mañana y dejarlo reposar hasta la hora de comer, pues ganará mucho con ese reposo.
                                                          
Y cómo no, para acompañar esta delicia nada como un buen Ribera del Duero, y para rematar la comida, un cigarro acorde con ésta. En este caso, mi propuesta sería un H. Upmann Magnum 50 maridado con un ron. Pero eso será objeto de otras líneas más adelante.




Espero que se decidan a aceptar esta propuesta, será como siempre, todo un placer.

sábado, 26 de noviembre de 2011

UNA TARDE CON DON ALEJANDRO

Hace ya algunos  años, cuando me iniciaba en el mundo de los habanos, probé, he de confesar, que prácticamente por azar,  una combinación que dejo huella en mi, pues ese momento se me ha quedado grabado en la memoria. Pero por circunstancias,  hasta ayer no volví a maridar las dos maravillas de las que hablaré hoy.

El momento era el ideal, y la situación perfecta.
Una tarde típica otoñal en la costa oriental andaluza, soleada, con una temperatura fresca pero agradable y el viento de levante levantando las olas.
Una terraza desde la que contemplar y sentir el mar embravecido y de fondo sonando la música de otro de mis clásicos favoritos, The Police.

Estaba literalmente embelesado contemplando entre mis dedos el cigarro que tantos recuerdos me traía cuando el camarero me sirvió el compañero que para él había elegido. Un brandy malagueño y clásico, un Larios 1866, brandy muy fácil de beber y muy equilibrado.

                                                     
                                                                 
Elevé la copa y la sostuve unos segundos haciendo girar el precioso líquido en su interior tratando de darle algo de temperatura con el calor de mi mano al tiempo que me acercaba para recrearme en sus aromas que poco a poco iban subiendo.

De ese color caoba intenso me llegaron notas de madera vieja, con leves toques de pasa. Un aroma suave y algo dulzón que me hacía presagiar un momento de disfrute sin igual.

Deje la copa sobre la mesa y me dispuse a efectuar el corte del cigarro. Este era un Vegas Robaina Unicos, creación del entrañable veguero Don Alejandro Robaina .
Su vitola de galera es pirámide, con una longitud de 156mm y un cepo 52. Para el corte empleé mi inseparable y ya castigado cortapuros de doble hoja. Busqué un corte lo más cercano el extremo posible para así darle un plus de fortaleza al cigarro.

Las primeras bocanadas ya me mostraron la deliciosa cremosidad de este habano, con  un profundo sabor a tabaco, notas de tierra y algunas puntas dulces.
Al combinarlo con el brandy esta cremosidad se acentuó junto con las notas especiadas y la vainilla de este.
El cigarro fue evolucionando de un modo espectacular, apareciendo la madera y un dulzor suave con algunas notas saladas que con el brandy en boca dejaban  una sensación muy agradable.
Su intenso y agradable aroma se hizo notar ya en este punto.

En el tercer tercio la fortaleza media del cigarro se tornó en media-fuerte, y el regusto dulce de este hermanó a la perfección con el brandy, potenciando su cremosidad.

Todo un momento de relax, con unas vistas y un ambiente inmejorables que me hicieron disfrutar de este más que recomendable maridaje. Desde luego, y de nuevo, todo un placer. 

sábado, 19 de noviembre de 2011

PURA ARTESANIA

En un mundo dominado por la tecnología, las cadenas de montaje, la producción en serie y la informática aún podemos sorprendernos al contemplar productos, los menos desgraciadamente, en cuya elaboración solo interviene la mano del hombre. Unas manos entregadas, sufridas, diestras y pacientes  como las que elaboran los habanos.

Porque los habanos son de esas escasas obras de arte elaboradas totalmente a mano. Desde que el veguero planta la semilla de la Nicotiana Tabacum hasta que los cigarros están listos para que podamos disfrutar de su sabor y su aroma, habrán sido necesarias más de 160 labores, todas manuales.
El proceso de elaboración de los cigarros se puede dividir en once fases, estas son, la preparación de la tierra, la siembra, el cultivo, el desbotone, la recolección, la curación, la fermentación, la escogida, el torcido, la maduración y el etiquetado.
Las tierras del mejor tabaco del mundo se ubican en el extremo oeste de la isla de Cuba, en las famosas vegas de Vuelta Abajo, en la provincia de Pinar del Rio.
                                                     
 Dos tipos de plantas de tabaco son utilizadas en la elaboración del Habano: el corojo del que se obtienen las hojas para la capa y el criollo de sol, del que se obtienen las hojas para la tripa y el capote. El cultivo de corojo se planta bajo lonas de algodón, “los tapados", a fin de proteger las plantas del exceso de sol, vientos y parásitos, y permitir así que  las hojas tengan una apariencia uniforme y textura suave y sedosa; cada planta proporciona 16 ó 17 hojas (que permitirán la elaboración de unas 30 capas). El criollo de sol crece a la intemperie con 12 ó 13 hojas.

El proceso de elaboración de los habanos se inicia con la selección y preparación de los terrenos; estos se eligen evitando los que tengan pendientes muy pronunciadas para evitar el arrastre de las semillas. Las raíces de las plantas de tabaco son muy delicadas y requieren suelos sueltos para poder desarrollarse. Para ello, el veguero rotura sus campos repetidas veces, convirtiendo la vegetación en un nutriente natural del suelo. A fin de evitar que la estructura del suelo se altere, solo se utiliza la tracción animal, algo a todas luces inusual hoy día.

Las minúsculas semillas de la planta del tabaco, se tratan durante 45 días y se plantan en fila recta. Las semillas se plantan en septiembre y cosechan en febrero, siendo inspeccionada cada planta unas 150 veces por los vegueros.

Tras 35 días, hacia la segunda quincena de octubre, las plantas de tabaco alcanzan unos 15 a 20 cm de alto y se denominan posturas; Es entonces cuando se procede a su trasplante a las vegas definitivas; las tierras ya han sido enriquecidas con carbonato de calcio, abono orgánico y otros. Esta fertilización se repite a los 10 y a los 25 días.
                                                                  

Una vez efectuado el trasplante de las posturas a las vegas, se inicia el cultivo y el aporque, a fin de eliminar las malas hierbas y facilitar el desarrollo de la plantación y el crecimiento de las plantas de tabaco. Así, durante los 45 o 50 días que éstas necesitan para alcanzar su completa madurez, cada una es visitada regularmente a fin de realizar labores de azada y control de las plagas, y sobre todo, para eliminar sus yemas terminales y axilares. La terminal se elimina para estimular el crecimiento de las hojas, lo que provoca la aparición de hijos o yemas axilares, que serán separadas también, es lo que se conoce como el  desbotone del tabaco.
                                                                                              
En este punto debemos decir que la variedad criollo es la única  típica del genuino tabaco Cubano. A diferencia del corojo, las plantas de criollo se exponen al sol para lograr la más amplia variedad e intensidad de sabores que después se utilizarán en las diferentes ligas que utilizan los Habanos.
La planta Corojo toma su nombre de la famosa plantación "El Corojo", donde se desarrolló esta variedad de semilla; sus hojas sólo se destinan a la capa del cigarro. Su producción es más costosa la de las otras variedades.

 Las hojas de las plantas de corojo se agrupan en siete niveles según su posición en el tallo o posición foliar, a fin de su recolección y clasificación. Las capas se clasifican por colores: claro, doble claro, colorado claro, colorado maduro y maduro.

Poco después de la siembra del corojo, que puede alargarse unos 40 días, hombres en zancos cubren las plantaciones con unas enormes  telas de algodón para proteger la vega.
                                                                          
El ciclo de recolección dura aproximadamente 40 días, y se inicia cincuenta días después de la siembra; es este un trabajo muy duro: las hojas hay que recogerlas una a una y a mano, y como máximo dos o tres a la vez. Cada planta de corojo tiene 8 o 9 pares de hojas; las hojas están situadas en niveles distintos (de abajo arriba: libre de pie, uno y medio, centro ligero, centro fino, centro gordo y coronas). Las hojas de cada nivel se recogen de forma independiente, cuando están maduras, a intervalos de 6 ó 7 días.

Las plantas de la variedad criollo poseen 6 o 7 pares de hojas que se clasifican  en ligeros, secos y volados; las hojas situadas al pie de la planta ofrecen un sabor más suave, por ser las de más tiempo y las más sombreadas. Más arriba en la planta, las hojas tienen mayor fortaleza, al estar más expuestas a la luz solar. El ligero se obtiene de las hojas superiores y es más aromático; el seco, así es como se denomina al de las hojas intermedias,  es más ligero y de aroma más sutil;  al procedente de las hojas inferiores de la planta se le llama volado, es menos aromático y su  función principal es asegurar que el cigarro arda correctamente.

Las hojas, tanto las de corojo como las  de criollo, son llevadas a las casas de tabaco para su desecación natural previa a la fase de fermentación. Las casas se orientan  de Este a Oeste, a fin de que el sol solo caliente el frente y la trasera al amanecer y al atardecer; las casas de tabaco están cerradas mientras dura la curación de las hojas.

En las casas del tabaco, los trabajadores  vigilan la humedad, la temperatura y las lluvias; según varíen estos factores, abren y cierran sus puertas.
El tabaco se cura o seca al aire durante unos 50 días; este proceso, largo y natural, es supervisado de forma constante para asegurar la  temperatura y humedad óptimas; las hojas ensartadas, se sitúan cerca del suelo y, cuando se van secando, se suben a la parte superior de la casa del tabaco. Primero las hojas adquieren un color amarillo y luego, gracias al proceso de oxidación y pérdida de la clorofila, toman el color dorado-rojizo que indica que están listas para la primera fermentación del tabaco. Tras el proceso de secado se procede al zafado o amarre del tabaco.
                                                                         
Después del secado, se  procede al zafado o amarre del tabaco; de esta fase depende, en gran parte, la calidad del futuro Habano.
Las hojas ensartadas en los cujes  se bajan. Si se trata de hojas procedentes de plantas de  corojo, la bajada se realiza por la mañana, cuando no hace mucho calor; en otro caso, al contacto de la mano, la hoja de tabaco puede quebrarse si está demasiado seca.
Una vez curadas, las hojas de tabaco de cada cuje se amarran en mazos llamados gavillas, y son trasladadas a casas de fermentación; las gavillas se colocan en pilones.
 La primera fermentación comienza con la propia humedad presente en las hojas y puede durar hasta 30 días.
Los pilones son supervisados de forma constante. Si la temperatura del tabaco supera los 35ºC se deshace el pilón y se sacuden las hojas antes de apilarlas de nuevo.

Una vez finalizada la fermentación las hojas pasan al taller de escogida. Allí sufrirán un largo proceso con labores conocidas como manojeo, despalille, planchado, enterciado, etc. después del cual las hojas de tabaco estarán listas para el torcido, fase durante la cual nuestros cigarros tomarán la forma con la cual llegarán a nuestras manos.
El torcido del cigarro se realiza en la galera. Los torcedores, clasificados según su destreza, crean las distintas vitolas y marcas de Habanos. La "carrera" de un maestro torcedor, comienza con al menos 2 años de aprendiz. Los que superan esta categoría, deberán trabajar mínimo 6 años más, para dominar todas las modalidades que existen. Los criterios de ascenso son muy rigurosos y pueden tardarse 20 años en alcanzar la categoría de maestro torcedor.

Pero esa parte la dejaremos para otra ocasión. Como vemos y relaté al comienzo, cuando tenemos en nuestras manos un habano, estamos contemplando el trabajo duro y sufrido de muchas manos, manos que sin duda lo son de verdaderos artistas, manos que trabajan para hacernos llegar algo que es todo un placer.